DURANTE 2018 Y 2019, LAS REDUCCIONES IMPOSITIVAS NO IMPACTARON POSITIVAMENTE EN LA ECONOMÍA ARGENTINA

Actualidad Por REPORTE DIGITA
Un lugar común muy repetido actualmente, cantado a coro hasta el cansancio por los economistas ultraliberales, sostiene que la reducción de impuestos asegura por sí sola el crecimiento de la economía; y, a la inversa, que los esquemas fiscales más expansivos siempre constituyen un obstáculo para el crecimiento.
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Este verdadero “mito económico”, que desde ya puede llegar a funcionar en ciertos contextos, bajo ningún concepto puede ser considerada como una Ley de hierro que se cumple inevitablemente. Como prueba alcanza observar el desarrollo de distintas economías que crecen y se desarrollan bajo esquemas fiscales altos; y también sucede que en muchísimos casos las reducciones impositivas no solamente no impactan positivamente sino que llegan a ser perjudiciales.
Para respaldar este análisis basta con observar el desempeño de la economía argentina durante 2018 y 2019. Tras la firma del Consenso Fiscal, durante estos años hubo reducciones impositivas en las cargas provinciales que buscaban combatir tanto el efecto “cascada”, que suponía la aplicación de un mismo impuesto en varios eslabones del la cadena de valor, y el consecuente efecto de “piramidación”, es decir el traslado de esas cargas fiscales al precio final del producto.
Pues bien, esta visión optimista de la medida contrasta con la realidad. Durante esos años en Argentina sucedió justamente lo contrario: los precios siguieron aumentando, el nivel de actividad económica se contrajo, y no mejoró el índice de empleo. Según datos del INDEC, durante aquellos años la inflación fue del 47,65% en 2018 y 53,83% en 2019, las marcas más altas del período 2016 - 2020; el desempleo, que en 2016 y 2017 rondaba el 7,7%, durante los dos años siguientes llegó a 8,9% y 9,20%; el Producto Bruto Interno, que en 2017 había logrado recuperarse en 2,8 puntos, durante el bienio posterior acumuló una caída del 4,6%.
De esta manera, una medida que teóricamente buscaba mejorar la competitividad, generar más puestos de trabajo, crecimiento y baja de precios logró precisamente lo contrario: retracción de la actividad económica, aumento de precios y desempleo. Desde ya que esto no excluye que en ciertas ocasiones, de forma razonable y estratégica, los incentivos fiscales puedan redundar en un mejor desempeño económico. Lo que está claro es que eso no sucede de forma automática: las bajas fiscales no promueven por sí solas, “mágicamente”, el crecimiento de la economía.
En estos tiempos de debates muy polarizados entre distintas ortodoxias impositivas, conviene siempre repasar los datos fácticos que nos ofrece la realidad, para poder considerar desde la racionalidad cuáles son las estructuras fiscales más apropiadas para cada contexto. Y entender que muchas veces estos mitos y “recetas mágicas” son el principal combustible de cualquier dogmatismo.
En Misiones, el esquema impositivo busca aplicar criterios de progresividad tributaria, donde por ejemplo los productores primarios están exentos del impuesto a los Ingresos Brutos.
Y además, como anunció el gobernador Oscar Herrera Ahuad luego de la firma del Consenso Fiscal, Misiones no subirá las cargas impositivas.

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